dilluns, 23 de gener de 2017

Activitat paranormal: una via de la insubordinació (18)


ACTIVITAT PARANORMAL:
UNA VIA DE LA INSUBORDINACIÓ (18)
[EL VIDRE AL COR, 23-I-2017]
 Gerard Horta

No crema el piano ni crema la música. Crema l’ànima del pianista.

Després del succés i en aplicació de l’Ordenança de civisme, un esquadró aeri de l’OTAN bombardejà Yosuke Yamashita i també, per evitar-ne el risc de fuga, els barris marítims de la ciutat.

Que el vol sigui lleuger, company.

Ahaaaaà...



 

diumenge, 22 de gener de 2017

¿Quiénes son los humillados?


¿QUIÉNES SON LOS HUMILLADOS?
[LA HUMILLACIÓN. TÉCNICAS Y DISCURSOS PARA LA EXCLUSIÓN SOCIAL (2009): 7-14. EDICIONS BELLATERRA]
Manuel Delgado    Gerard Horta   Alberto López Bargados

Es posible que haya sido desde siempre que determinados seres humanos, individualmente o como miembros de ciertos colectivos, hayan sido o se hayan sentido humillados –o ambas cosas a la vez– por otros que eran más numerosos o más poderosos que ellos. Ser o sentirse humillado es saber que tú no eres como los demás, que eres demasiado o demasiado poco no importa qué, y que ese exceso o esa carencia te hace merecedor de un trato denigrante que te rebaja, te hunde, te inferioriza, te inhabilita para merecer esa dignidad elemental que nadie debería ver nunca escamoteada. Ser o sentirse humillado es ser o sentirse una mierda, es decir literalmente un detritus, un desecho, algo que está de más, que sobra, que, además, apesta y ensucia, y frente a cuyo potencial contaminante solamente cabe la condena al aislamiento, a la expulsión o al borrado definitivo. Esa negación que afecta a ciertas personas –algunas, casi siempre muchas– no es un fenómeno nuevo; es posible que la marginación, la discriminación, la segregación, la xenofobia, el clasismo, el machismo y todas las demás formas de exclusión o de opresión hayan conocido todo tipo de expresiones en sociedades que probablemente nunca ni en ningún sitio han llegado a devenir justas. 

Seguramente siempre y por doquier las relaciones entre los diversos conjuntos sociales se han visto marcadas, a menudo, por la convicción de que alguno de esos conjuntos era intrínsecamente indeseable y merecía una descalificación global, que no pocas veces acababa conduciendo al asedio y, en los casos más extremos, al exterminio físico. A lo largo de varios siglos, en demasiados lugares, un número incalculable de individuos han sido prejuzgados, marcados, perseguidos o castigados no por lo que habían hecho sino por lo que eran o se suponía que eran. Esa dimensión expresiva de la humillación, por principio sancionada por una ley, legitimada por una ideología o consagrada por un dogma, tiene su contrapartida en la zona de sombra de los sentimientos. El individuo humillado experimenta de un modo u otro la amargura de su condición, se ve obligado a afrontar las emociones que suscita en él o ella esa desagregación forzosa, sometiéndose las más de las veces, sublevándose en algunas otras. Con todo, la voluntad de humillar y el sentimiento de sentirse humillado no son operaciones lógicas perfectamente coordinadas, ni sus efectos sobre la acción social son predecibles; se abre aquí el vasto y esquivo campo de la conciencia. Si, en principio, sentirse humillado es el primer paso para la impugnación de todo orden social así configurado, falta saber si sentir que se humilla conduce invariablemente a la relajación y eventualmente a la supresión de dicho orden.

No parece existir, pues, un único principio lógico que nos permita enunciar de manera general qué es humillar y/o sentirse humillado, por lo que resulta más prometedor atender a la casuística. ¿Cuáles han sido y continúan siendo, hoy y a nuestro alrededor, los motivos de ese rechazo que no necesita pruebas para justificarse, o que es capaz de inventarlas para justificar la negación al clasificado como “otro” del derecho a la igualdad, a la libertad o a la vida sólo por las diferencias que supuestamente encarna o que se le atribuyen? ¿Cuáles son los mecanismos que permiten desarrollar esa construcción social del otro como enemigo que hay que neutralizar, incluso suprimir, en todos los casos no sin antes haberlo humillado? 

A la hora de ensayar una respuesta a estas cuestiones, sería cosa de descartar algunas respuestas habituales. La primera, la que suele considerar las actitudes excluyentes en términos psicológicos, de forma que la humillación –y enseguida, tras ella, la segregación o persecución– sea atribuida a la personalidad de los humillantes. He ahí una vía para escamotear un intento de comprensión profunda del problema. A veces, porque naturalizan el rechazo, al considerarlo una proyección del recelo instintivo que todas las especies experimentan hacia el extraño (Jacquard). Se trata de una visión que muestra la negación o el rebajamiento del otro a una especie de tendencia natural del ser humano a temer y a protegerse de todo lo desconocido, y en consecuencia a rechazarlo. Esta línea argumental suele reforzarse con razones extraídas de la etología animal o la sociobiología. Otras lecturas subjetivistas más sofisticadas consideran que el otro rechazado representa una proyección de los elementos inconscientes que no queremos aceptar de nosotros mismos, nuestro propio «yo oscuro» (Kristeva). Incluso otra línea analizaría las conductas humillantes a lo que se presenta como una «personalidad autoritaria» (Adorno), o sencillamente, como el síntoma de una patología psiquiátrica que agudiza la agresivi­dad.

Frente a esa clase de interpretaciones, que dejan de lado los factores contextuales, acaso convendría, como decíamos, llevar a cabo una lectura de las formas variables de humillación que las considerara asociadas en todos los casos a unos determinados sistemas de acción y representación sociales, que las mostrase como la consecuencia, más que la causa, de relaciones entre sectores sociales que son considerados o que se consideran a sí mismos incompatibles o antagónicos y uno de los cuales ejerce la dominación sobre el o los otros, a los que humilla precisamente como estrategia de naturalización de ese mismo dominio, como forma de convertirlo en natural y de convencer al propio humillado de la inevitabilidad y la inexorabilidad del maltrato que sufre.

Dicho con otras palabras: las técnicas y los discursos de y para la exclusión de unos seres humanos por otros no deben ser buscados –como se suele hacer– en el origen de las tensiones o de las contradicciones sociales, sino que a menudo son su resultado. ¿Cuál es su tarea? Racionalizar, a posteriori, la humillación y, enseguida, la explotación, la marginación, la expulsión o, en los casos más extremos, el acoso o el exterminio de los excluidos. Así, cada uno de los grupos que se autodiferencia o que es diferenciado por los otros representa un punto dentro de una red de relaciones sociales en que la distribución del espacio, los requerimientos de la división social del trabajo y muchas otras formas de conducta competitiva son fuentes permanentes de colisión de intereses, y entre las identidades donde esos intereses se refugian tan a menudo para legitimarse. Entonces, la frecuencia y la intensidad de los contactos físicos, territoriales, culturales y económicos estaría en la misma base del aumento de la conflictividad entre colectivos humanos, una conflictividad que, obviamente, siempre acabará beneficiando al agente que ocupe la posición hegemónica, que controle los aparatos represivos del Estado y que no sólo tenga acceso a las fuentes de producción de los significados, sino que las instrumentalice adecuadamente en orden a perpetuar la opresión tanto como a mostrar como «normal» tal estado de las cosas. A escala global, la identidad colectiva –étnica, religiosa, política– aflora en calidad de subrogación que oculta relaciones de clase o de casta, lo que explica la verticalidad que se impone a las relaciones entre un colectivo diferenciado y el otro. De hecho, el auténtico trasfondo del terror estructural agazapado en semejantes dinámicas consiste en hacer creer a una mayoría social que ella misma no es en ningún caso objeto de humillación política, económica y cultural. En este sentido, los dispositivos de control social se aplican en la fijación del etiquetaje humillante, del blanco del menosprecio, sobre unos sectores sociales determinados a fin de ocultar las dimensiones reales de procesos cuya finalidad última –la perpetuación del totalitarismo y la desigualdad– alcanza conjuntos sociales mucho mayores que en ningún modo se autopercibirían como «humillados».

Se podría establecer que los dispositivos de la exclusión, reconocibles a distintos grados en otras sociedades y momentos históricos, se han agudizado en una última fase de la evolución de las sociedades modernizadas, como consecuencia paradójica del apogeo del igualitarismo. En efecto, las ideologías de y para la humillación –al margen de su grado de sofisticación– funcionan como una fuente de justificaciones para desmentimiento de la igualdad de derechos y oportunidades que sufren constantemente las relaciones sociales reales. Todas las modalidades de inferiorización encuentran, por esta vía, un vehículo para naturalizar una jerarquía en la distribución de privilegios y en el acceso al poder político y a la riqueza económica que los principios democráticos que únicamente en términos de autorepresentación ideal orientan la sociedad moderna nunca podrían legitimar.

Cada forma de humillación conoce varios niveles de intensidad y de elaboración. Puede basarse en un estado de opinión difuso o llegar a ser asumida como orientación básica de medidas gubernamentales o de leyes incluso presuntamente democráticas. Sus formalizaciones pueden ser fragmentarias y contradictorias, pero también pueden apoyarse en teorías que parecen sazonadas con el máximo rigor «científico». Las lógicas de la humillación pueden limitar los efectos a un desprecio y una hostilidad latentes, que desencadenan una infinidad de microincidentes cotidianos que puede que apenas llamen la atención a fuerza de ordinarios o que, en ocasiones, alcancen el rango de incidente destacable por los medios de comunicación cuando es lo bastante espectacular. Puede ser individual, o bien protagonizado por pequeños grupos o incluso masivo, como vemos en el caso extremo de los linchamientos o los progromos. Pero también puede y suele definir la política de un gobierno, institucionaliz­arse e instalarse como violencia oficial del Estado, y dar pie a auténticos programas de deportación o de eliminación física del que siempre en un primer momento tuvo que ser humillado.

dijous, 19 de gener de 2017

El etnógrafo como cazador de mariposas (text de Manuel Delgado)


EL ETNÓGRAFO COMO CAZADOR DE MARIPOSAS
[Fragment del pròleg de
Rambla del Raval de Barcelona
(El Viejo Topo, 2010)]
Manuel Delgado

Acaba de aparecer, publicado por la El Viejo Topo, Rambla del Raval de Barcelona. De apropiaciones viandantes y procesos sociales, de Gerard Horta, colega, compañero de Departamento y sin duda una de las personas que más quiero. Se trata de un trabajo que resulta de un I+D titulado Estudio operacional sobre flujos peatonales en centros históricos de Portugal y España. Me parece un ejemplo muy interesante y orientador de cómo hacer etnografías de espacios públicos, en contextos como el de Ciutat Vella de Barcelona, paradigma de lo que deberíamos llamarurbanismo preventivo, es decir urbanismo destinado al saneamiento y por supuesto al control de barrios reputados como conflictivos, es decir obreros, y nuevo avance en la destrucción definitiva de la ciudad popular. Gerard me honró pidiéndome el prólogo del libro. Lo he titulado El imperio de lo sentido y me permito reproducir aquí unos párrafos para animaros a comprarlo. Vale la pena.

***

[…] Y es ahí desde donde se accede a ese otro estrato al que el estudio de Gerard Horta nos traslada. Se trata ahora de levantar testimonio etnográfico de cómo un fenómeno macro –la destrucción de un barrio que fue popular, como ejemplo de transformación urbanística contemporánea– se inscribe en la piel y se dibuja en el rostros de los seres humanos concretos que lo sufren; cómo está ahí, a la vista, en lo que los sentidos y los sentimientos perciben al verse cara a cara con la cara de los aquellos de los que se quiere saber algo más y que no está en lo que piensan, o mejor dicho en lo que dicen que piensan, en sus discursos, sino en lo que hacen sus cuerpos, al caminar, al agacharse o al erguirse, al detenerse un momento, en cada uno de sus pasos, en sus sombras.

Lo que merece la pena subrayarse de las páginas que siguen, en cuanto a ese método cuya vigencia se renueva, es más bien la radicalidad de su planteamiento, que va más allá de lo experimentado hasta ahora en etnografía urbana, incluso en la más deudora con la microscopia interaccionista teorizada por Erving Goffman. Aquí se verá que hay mucho de los mejores trabajos de Lofland, White, Duneier, Pétonnet o Low, pero la originalidad de Horta es que lleva ese tipo de técnica de percepción, registro y descripción hasta unos límites ciertamente osados. Lo que va creando es una verdadera colección de instantáneas móviles de un detallismo casi exasperado, hasta tal punto resulta vehemente su preocupación por recoger hasta las menores migajas de actividad humana observable. Es entonces cuando se reconoce en la aventura metodológica del autor un homenaje no se sabe si consciente o no con la gran tradición del viejo naturalismo literario, siempre más preocupado por las energías, las densidades y las intensidades que por las formas, las materias o los temas. Y es ahí donde Horta se reencuentra con la sensitividad extrema de Zola, Maupassant, Flaubert, pero también de quienes al tiempo superaron y completaron la obsesión descriptiva de éstos: los Joyce, Proust, Musil..., o, más adelante, de la nouvelle roman francesa, a la manera de Robbe-Grillet, Michel Rio y sobre todo de un Georges Perec. En cualquier caso, una vez más se vuelve a hacer manifiesto que la antropología es, en efecto, una ciencia experimental, cuyo laboratorio de pruebas no es sino el texto.

Ese estilo de registro y descripción ya había sido ensayado por el propio autor en otro trabajo suyo anterior, cuya importancia y valor seguro que el tiempo acabará reconociendo: L’espai clos (Edicions de 1984, 2004), un estudio sobre las apropiaciones sociales del espacio del fracasado Fòrum de les Cultures, celebrado en Barcelona en el año 2004. Allí deberíamos reconocer esa misma apuesta de formalización que vamos a reencontrar ahora en esta investigación sobre la Rambla del Raval. Su interés no residiría en el método en sí, puesto que la mirada ambulante de Horta no hace sino lo que proponía el maestro de todos nosotros en materia de observación etnográfica, Bronislaw Malinowski: ir pasando descubriendo al pasar, como leemos en la introducción de los Argonautas del Pacífico Occidental, “muchas cosas que, para un observador preparado, evidenciarían en un primer momento los hechos sociológicos más profundos”. Para cubrir tal objetivo lo que propone Horta –y ese es un aspecto especialmente destacable de la obra que sigue– es enfrentarse con el problema de cómo detectar, seleccionar, registrar, transmitir y explicar todo eso que se despliega ante sus ojos y que son hechos urbanos, es decir hechos que remiten o representan lo urbano como forma de vida social compuesta por encuentros efímeros entre desconocidos relativos o totales y por acontecimientos la inmensa mayor parte de los cuales no se van a repetir. Con el fin de dilucidar y transmitirnos la lógica y la estructura de hechos y seres sociales que se dan casi siempre en temblor, el autor ensaya un tipo singular de etnografía que parece empeñada en parecerse a su objeto. Lo que resulta es entonces una etnografía ella misma nerviosa, inquieta, además de, por descontando, peripatética y ocasional, puesto que para llevarla a cabo el etnógrafo no puede hacer sino ir de un lado a otro atendiendo lo que sucede “al vuelo”, esperándolo o persiguiéndolo, a la manera de un cazador de mariposas. 

Es ahí donde la estudio sobre un paseo –lo que alguien llamó la “Rambla triste”, para distinguirla de la Rambla turística de Barcelona– se despliega como lo único que puede ser: estudio sobre sus paseantes, sobre las masas corpóreas con rostro humano que lo recorren, lo cruzan y haciéndolo se cruzan, las siluetas que le dan sentido práctico y emotivo a un territorio urbano en tanto seres espaciantes, es decir seres que generan ese mismo espacio que pareciese que sólo usan. Donde arquitectos, urbanistas, políticos y demás especialistas en ciudad ven proyectos, actuaciones, iniciativas, planes, transformaciones, dinámicas, escalas..., Horta ve a una mujer que le grita al teléfono de una cabina “¿dónde estás?”; un perro suelto; dos muchachas de rosa; un vendedor de latas que repite cansino “beer, cerveza”; un niño –Jofre– que cree que juega, pero que en realidad está danzando; dos ancianos que toman el sol cada uno en la punta de un banco; un borracho que exige le miren a la cara; alguien que pasa y desaparece; un barrendero que decide que ya es el momento de comer su bocadillo de media mañana; el conserje de un hotel de tres estrellas preocupado por la suerte de las maletas que unos clientes han dejado descuidadas sobre la acera... Todo un universo de personajes y sucesos fugaces, que advierten de una vida social abigarrada y con frecuencia dolorosa, que la vida pública exhibe a cada momento, pero de la cual, a pesar de ello, de que está ahí, a la vista de todos, nuestras autoridades no saben ni sabrán nada. Ellos y ellas, viandantes habituales u ocasionales, son gentes que –nunca mejor dicho– “hacen la calle” y que son los grandes protagonistas de la vida urbana, esa vida que se pasa el tiempo nutriéndose con aquello mismo que la altera.

Se trata entonces, lo que sigue, de un verdadera experimento de etnografía radical de un espacio urbano, si se quiere de un espacio público, pero no en el sentido hoy en boga –páramo de armonía y consenso donde seres ávidos por colaborar, que se abandonan a las buenas prácticas ciudadanas–, sino en el sentido de espacio en que cada cual se somete a las iniciativas y a las miradas ajenas y donde se prodigan los encuentros y los encontronazos. Por y para ello ese trabajo no se limita a contemplar la actividad de cuerpos sin identidad y liberados de estigmas –como pretendería el “espacio público” ideal de la ficción democrática oficial–, sino que nos muestra cómo es una historia colectiva, una estructuración social consubstancialmente asimétrica y los intentos de depredación capitalista del barrio los que se proyectan activamente en la superficie de ese paseo y en los cuerpos de quienes por él van, vienen, se detienen, juegan, pelean, se sientan a descansar, otean, esperan o merodean. Por él ya no sólo circulan viandantes y vehículos: también se deslizan, como en una coreografía secreta, seres humanos que trabajan, que miran y que, en tantos casos, luchan, cada cual a su manera, en pos de una vida digna, en una actividad rigurosamente vigilada por dispositivos de control y represión que sutil o groseramente no pierden de vista lo que pasa y están prestos a aplastar cualquier foco de alteración y no digamos de rebeldía, no obstante, al fin y al cabo y como siempre, inútilmente.

Se nos coloca, en esta obra, en la senda en pos de una en gran medida pendiente antropología de las calles, de una vida que transcurre en las aceras, por definición móvil y compuesta, hilvanada por una urdimbre poco menos que inextricable de interacciones y en que los intereses y las representaciones se encarnan en un orden de acontecimientos particulares que urge describir. La observación se plantea entonces como una captación práctica y apenas formulada de un mundo entendido como actividad: el mundo-acción.

En resumen, el material del que estas líneas son el pórtico resulta de un criterio que entiende el trabajo sobre el terreno como imperio de lo sentido. Sentido en su dos acepciones, alusivas a lo que es al tiempo percibido por fuera y notado por dentro, desmintiendo de paso la distancia entre esos dos niveles que nuestras creencias suelen dar por descontada. Primero, lo que tenemos es el producto de un ejercitamiento de los sentidos, pues la observación a la que se entrega Horta no es sólo óptica, sino también multisensorial, es decir sonora, táctil, olfativa y gustativa, en tanto aprecia la actividad social a estudiar como un conjunto no sólo de textos –a la manera como ha propuesto la antropología interpretativa–, sino como articulación de texturas, para el conocimiento de las cuales los ambientes y las cualidades sensibles son tan importantes como los discursos eventualmente explicitados por los propios actores sociales. Pero la etnografía que sigue no es sólo sensorial, sino también sentimental, es decir precipitado final de emociones no subjetivas, sino perfectamente objetivas y objetivables, que son el fruto de contemplar –el etnógrafo– el pavoroso espectáculo final de una sociedad a la que estructuran el abuso y la arbitrariedad.

Lo que queda luego de haberle aplicado esa singular mirada etnográfica –expresión de una forma apasionada y casi pasional de hacer ciencia antropológica– es un espacio ciertamente urbano, pero que no tiene ya apenas nada que ver con la quimera idílica de ese “espacio público” concebido a la manera de un escenario del se ha conseguido expulsar los combates y los fracasos. Todo lo contrario: lo que esa forma de observar desvela es ahora un proscenio en el que una sociedad humana exhibe su grandeza y su miseria: la miseria de una injusticia y una desigualdad que organizan en torno suyo toda sociedad capitalista, y la grandeza del entrelazamiento de seres humanos que, no conociéndose o conociéndose a penas de vista, reciben y perciben a cada momento las posibilidades infinitas que se desprenden del hecho elemental de encontrarse con otros y otras y estar juntos ahí afuera, abajo, en la calle.

dimecres, 18 de gener de 2017

Activitat paranormal: una via de la insubordinació (15)


ACTIVITAT PARANORMAL:
UNA VIA DE LA INSUBORDINACIÓ (15)
[EL VIDRE AL COR, 6-IX-2016]
 Gerard Horta

Vam donar-vos l’ocasió de triar entre capitalisme de dretes i capitalisme d’esquerres.

Fins que vau decidir Revolució.

dimarts, 17 de gener de 2017

La mirada (A qui ens devem?)


LA MIRADA (A QUI ENS DEVEM?)
[EL VIDRE AL COR, 25-V-2015]

Em commou fins a les profunditats de l’espadat de l’ànima. Infants, dones, un home que mira i una pintada. Un segon de la mirada tan digna, tan alta, tan bella, d’aquest home esmicola el temps i l’espai; esmicola totes les mentides del PentaGrup Municipal 1979-2015 (amb l’afegitó postfalangista de C’s); esmicola lordre terrorífic de la història. 

Ni als carrers, ni a les clavegueres del poder polític instituït: no oblidarem mai a qui ens devem.

***

Post scriptum: Amb gratitud al Pedrolo Lupi per les fotografies que va penjant al seu facebook. En Josep Maria Clariana ens informa que la fotografia es publicà als anys trenta a L’Estampa dins un reportatge sobre les Cases Barates.

Post scriptum II: Aquest matí a RAC1, entre lloa i lloa a la “transparència”, la futura alcaldessa feia apologia de l’emprenedoria. Nosaltres prosseguim endavant. Als companys i les companyes: gràcies i una abraçada.

diumenge, 15 de gener de 2017

Reflexions i suport de la COS UB a la sectorial d'Educació de la COS arran dela vaga del 18 de gener en escoles i instituts


Reflexions i suport de la COS UB a la sectorial d'Educació de la COS arran de la vaga del 18 de gener en escoles i instituts
[COSUB, 12-I-2017]

El no-futur de l’educació publica d’aquest país és molt més que preocupant, si bé ens hauria de reconfortar constatar que hi ha companys i companyes d’educació Infantil i Primària, Secundària, Batxillerat i altres àmbits pre-universitaris disposats a mobilitzar-se. Les universitats públiques hem patit i patim, també, polítiques austericides i mercantilitzadores. Tots els processos de jerarquització, externalització i privatització encoberta que patim a les universitats troben paral·lelismes en la resta del sistema educatiu. A més, la baixada de la qualitat educativa motivada per l’augment de ràtios, la degradació de les condicions laborals i salarials dels treballadors, la manca de cobertures d’àmbits específics que necessiten majors recursos públics, l’empitjorament de les infrastructures educatives, el finançament d’institucions privades amb recursos públics, l’increment vergonyós de la pobresa de l’alumnat, etc., tot plegat repercuteix molt negativament sobre l’educació universitària, d’on cada dia més alumnes (que són també treballadors) són segregats per motius econòmics. Tant sigui per la inaccessibilitat d’àmplies franges de la classe treballadora, com per les precàries condicions per desenvolupar uns estudis universitaris en unes condicions acceptables, la col·lectivitat universitària no hauria de mostrar-se miop a les problemàtiques del conjunt del sistema educatiu públic.

Després de quatre anys amb un dia de vaga anual a l’àmbit educatiu escolar de Catalunya –llevat del curs passat, que no se’n va fer cap–, la CGT ha convocat unilateralment un dia de vaga amb la intenció –segons els convocants– d’influir sobre el procés d’elaboració dels pressupostos autonòmics. La sectorial d’Educació de la COS (a Catalunya) hi dóna suport, i com a secció sindical COS UB expressem el màxim suport a les nostres companyes de COS Educació, com també la nostra oposició frontal a l’aprovació d’uns pressupostos vergonyants –vegeu el comunicat que COS Educació féu públic el dilluns 9 de gener, el qual concerneix diverses qüestions que és del tot oportú que interpretem per reflexionar-hi–.

En primer lloc, cal assenyalar que tot procés de lluita pot començar amb una jornada la qual pot ser de vaga. Fer-la efectiva demana que el calendari de mobilitzacions i la taula de reivindicacions estiguin vinculats a fi d’engegar un procés de lluita prolongat i sostingut en el temps amb expectatives de conquerir el que es reivindica a través d’una negociació real amb la direcció o la patronal corresponent. Malauradament, la vaga del 18 de gener no neix de processos assemblearis, sinó d’espais sindicals professionalitzats. Afrontar la unitat d’acció a curt i a mitjà termini exigeix una horitzontalitat real –assemblees de professorat i col·lectivitat educativa–, i demana també afegir-hi una col·laboració real entre organitzacions –amb un diàleg previ, transparent i honest per avançar d’una manera conjunta–.

Si ens posem en context i analitzem la trajectòria del sector, des que els grocs rebentaren les vagues d’Interzones i la CGT del 2012 (a les quals la COS i l’Esquerra Independentista vam donar suport) han passat quatre cursos en què no s’ha guanyat res del perdut llavors. Tant de pactisme professional acomodatici ha aconseguit desmobilitzar i/o despolititzar i/o cremar un sector massa nombrós de treballadors i treballadores. Com podem capgirar aquesta situació, doncs? O bé la vaga del dimecres 18 és merament simbòlica i sense efectes instrumentals posteriors, o bé ens prenem això com un punt de partida de debò (cosa que demanaria estendre-la a les universitats públiques). Fent autocrítica, reconeixem que les vagues endegades a la universitat (un espai extremament individualista) des que vam néixer el 2012 –convocades per la COS UB–, han estat més aviat simbòliques i poc efectives. Ens hem arribat a quedar en solitari, fins i tot sent l’únic sindicat a convocar una vaga de professorat en solidaritat amb els estudiants, tot i que sempre hem acompanyat aquestes convocatòries de processos assemblearis paral·lels, i de fet junt amb els estudiants autònoms vam aconseguir aturar l’Estatut UB, i hem estat capaços d’endegar processos col·lectius de lluita sostinguda que ens han permès avançar i que han obligat instàncies de representació formal com l’anterior comitè d’empresa a bellugar-se. Actualment, amb els companys i companyes de la CGT, l’Assemblea de Professorat Reclamant i la Plataforma d’Associats ens vam ajuntar a TransFormem UB i vam guanyar a les eleccions a la tardor, malgrat que la resta de sindicats es van unir per deixar-nos sense la presidència ni la secretaria. Tot i ocupar una posició minoritària al comitè de PDI-laboral (17 a 12), esperem poder revertir des de l’empenta i la mobilització les polítiques dominants dels equips de govern per dignificar racionalment la situació del professorat i la gent becària precaritzats.

Apel·lem al no-futur de l’educació pública per la degradació evident de les condicions de treball al sistema públic català, la mercantilització devastadora i contínua de tots els àmbits de l’educació escolar i universitària, la transferència de recursos públics a escoles i universitats privades, i l’escandalosa realitat de constatar que hi ha alumnat –infants i adolescents– que estan patint desnutrició alimentària… No hi ha adjectius per qualificar aquest procés social. Això exigeix una acció sindical que condueixi al desenvolupament de polítiques integrals per afrontar l’estat d’emergència social en què es troben amplis sectors de la classe treballadora catalana i la destrucció literal dels serveis públics (que aspirem a autogestionar i no sols a dotar dels recursos necessaris).I no ho oblidem el deute de la Generalitat de Catalunya amb la UB, superior als 80 milions d’euros.

Immergits com estem en un procés que ha de conduir aquesta banda dels Països Catalans cap a la consecució de l’exercici d’autodeterminació a través d’un referèndum vinculant –que garanteixi prendre una decisió sobre si mateixa que ateny exclusivament la societat catalana– i cap a la independència, com a secció sindical i com a sindicat de l’Esquerra Independentista no deslligarem mai la independència dels Països Catalans del combat per la transformació social i per l’assumpció del poder polític per part de la classe treballadora catalana.

Amb aquestes perspectives, podem arribar a una reflexió: els pressupostos per al 2017 de la Generalitat, amb la Tresoreria intervinguda per l’estat espanyol i la Unió (Bancària) Europea, són tan absolutament lamentables per a l’educació pública com els del 2016, el 2015, el 2014, el 2013 o el 2012. L’interrogant és si hi ha la voluntat real de treballar per fi amb l’objectiu real de revertir aquesta situació més enllà dels pressupostets autonòmics, de la vaga del dimecres 18 o de la vaga convocada per UGT, CCOO i USTEC per al 9 de febrer (que han volgut limitar-se a ajornar per després de la discussió parlamentària dels pressupostos).

Per aquestes raons expressem el suport a la COS Educació a l’hora de participar a la vaga del 18 de gener. A més, l’estenem als companys i companyes de l’educació que hi participaran i cridem a concentrar-nos el mateix dimecres 18 a les 12 del migdia davant del Parlament a fi de defensar una cosa tan elemental com l’educació pública i el seu reconeixement als pressupostos mesquins i processistes de Junts X Decret de plantilles, Junts X l’Opus Dei i Junts X Escola Nova 21. Encoratgem la col·lectivitat universitària a reflexionar sobre el futur de l’educació pública i, a continuació, a expressar el vostre suport i la vostra solidaritat amb la gent que es mobilitzarà dimecres vinent. Al mateix temps, animem el professorat i la resta de treballadors dels diversos àmbits de l’educació a articular una resposta popular organitzada que comenci a posar fi a la barbàrie capitalista que se’ns imposa.

La lluita és l’únic camí.

Barcelona (Països Catalans), 12 de gener del 2017

Coordinadora Obrera Sindical Universitat de Barcelona (COS UB)
ub@sindicatcos.cat   / cosub.wordpress.com   /   @COS_UB

logotip-cos-vermell-i-negre

divendres, 6 de gener de 2017

(i III) De manters i refugiats: colonialisme, explotació capitalista, espectacularització mediàtica i pornografia de les emocions


(i III) DE MANTERS I REFUGIATS:
COLONIALISME, EXPLOTACIÓ CAPITALISTA, ESPECTACULARITZACIÓ MEDIÀTICA
I PORNOGRAFIA DE LES EMOCIONS
Gerard Horta
(7-IX-2015)

Nota prèvia: Escric aquest tercer i últim apartat de la sèrie a raig, cremat pel que ha succeït avui a l’Ajuntament de Barcelona: censura política per part de Bcn Comú + PP + CDC + C’s + PP per evitar que la CUP pogués presentar, debatre i votar nou de les 10 propostes que acompanyaven la votació al Ple Extraordinari sobre lAMI en el camí de la lluita anticapitalista i independentista per deixar enrere la Transició al no-res. Resultat: res de res, tot ha estat tombat. 

***

LÀfrica no sentén sense això que anomenem top manta: venedores i venedors que despleguen una manta al terra sobre la qual exhibeixen els productes de tota mena que posen en venda. És tan persuasiva la dominació colonial occidental que aquesta purificació mercantilitzadora i classista dels carrers –encarnada en les ordenances de civisme europees– es desplega ja fa anys en moltes ciutats del continent negre a lempara de reordenacions urbanístiques, especulacions immobiliàries i processos gentrificadors sota apropiacions estatals dels carrers (els mateixos processos de què són víctimes els manters barcelonesos), en el marc de les invocacions obligades a la higienització i la pacificació daixò que polítics, periodistes, planificadors urbans i arquitectes anomenen espai públic, i que els antropòleg hem anomenat històricament les places i els carrers (vegeu la recerca col·lectiva Carrer, festa i revolta [2001, dirigida per Manuel Delgado] i El espacio público como ideología [2011], de Delgado mateix). Del paper de les dones que treballen venent coses –de tot– als carrers –a Cap Verd duen el nom de rabidantes– vam ser-ne testimonis a Praia i al conjunt de lilla de Santiago amb en Daniel Malet arran del treball de camp desenvolupat a les tardors del 2009, 2010 i 2011, tal com ho vaig conèixer també a Mindelo (illa de São Vicente) el 2014 i el 2015. A algú se li ha acudit pensar en els mecanismes i les dimensions merament diguem-ne culturals que hi ha en ball en aquest procés transbordat a Europa a causa de l'arribada de gent africana? I no perquè aquesta pràctica no hagi estat històricament tradicional a la nostra pròpia societat, ni de bon tros: tractem dels mercats i mercadillos de carrer. Em resulta molt més exòtic un model capitalista que als barris benestants emplaça botigues luxoses amb productes caríssims venuts per treballadors que cobren sous de pura explotació que no pas retrobar aquí i allà del planeta persones tot venent coses als carrers. Ni la història europea ni la catalana es poden comprendre sense aquesta pràctica, lligada al naixement mateix dels nuclis urbans. La història de la humanitat és top manta!

Mentrestant som, sí, al continent blanc, en una ciutat en què Ada Colau se’ns apareix com el resultat biopolític de les revistes dels anys setanta Garbo, Lecturas, El Caso i El Caso Mundial. La seva dimensió d’actriu aficionada i intèrpret professional li permet abocar tota intensitat emocional viscuda cap al receptacle dels contextos polítics públics, i si són electorals millor: succeí amb els companys i companyes de Telefónica, on aconseguí una pila de vots amb aquests plors lacrimògens allà enmig dels vaguistes, plors sincers sens dubte, corprenedors (ai sí). Les traïcions posteriors als vaguistes (aquesta i també aquesta altra) resulten irrellevants per a la nova política.

Fotografia: De San Bernardo.

Els mitjans de comunicació necessiten espectacularitzar fins al paroxisme la vida social. La teatralització obeeix a guions que tendeixen a focalitzar l’atenció en les anècdotes a fi de segregar de la mirada col·lectiva els marcs socials en què els esdeveniments i els processos socials tenen lloc (això és el que analitza l’antropologia social a través del treball de camp com a fonament teòric i metodològic). L’atenció històrica dels mitjans periodístics occidentals tendeix a centrar-se en desastres socials llunyans, és una vella estratègia distintiva d ela ideologia doninant amb vista a aconseguir que les classes populars occidentals concebin més positivament el seu propi present. La lògica que es persegueix diu: “Que malament que ho passen a l’Àfrica, pobra gent!”. És el que ha fet Barcelona en Comú apel·lant al dolor dels refugiats vinguts d’arreu a l’Europa central mentre es dedica a empaitar i reprimir manters (que Gala Pin ho justifiqui  per “l’ús de la violència” en una nota al facebook personal  en comptes de fer una roda de premsa pública, oberta a tothom, resulta insultant). I aquí tenim l’alcaldessa, de nou, plorant al míting de torn tot lloant les accions –precioses, en efecte– solidàries de persones anònimes mentre els manters es mengen el desplegament de les unitats dels UPA de la guàrdia urbana.

Per a Guy Debord, la societat de l’espectacle; per a Georges Balandier, el poder en escenes. Cal recordar que els mandarins de Barcelona en Comú feren seu el discurs de la premsa burgesa des de fa setmanes?: “Rere els manters hi ha màfies!” (avui la Pin se’n desdiu al mateix facebook..., a què estem jugant?). Això sí, enalteixen aquesta empatia de connotacions caritatives, samaritanes, bonistes, ciutadanistes i assistencialistes distintives del classisme més ferotge: tot shi val per no qüestionar les estructures polítiques, econòmiques i culturals del capitalisme internacional. Si Ana puede, ¿por qué el estado español no puede? ¡Vergüenza!” I una multitud rugeix desfermada que sí que es pot, sí se puede!!!... mentre  els UPA assalten manters i la pobresa que provoca el capitalisme a Barcelona fa estralls cada dia.

Pregunto: enllà daquestes efervescències terapèutiques que tothom necessitem viure ritualment i regularment, exactament què és el que es pot i què és el que no es pot? És il·legal acollir refugiats, oi alcaldessa? I defensem fer-ho. Però llavors que succeeix amb la il·legalitat de vendre al carrer sense permís per guanyar-te la vida i enviar quatre rals a les teves famílies africanes? Aquesta no la permetrem? Ada Colau apareix, doncs, encarnant-se com una trista –malgrat tants somriures a tort i a dret– impostora professional.

Aquesta melodramatització entorn de processos estructurals causats per segles de colonialisme i de capitalisme mira de desatendre’n les causes per fixar-se en una resolució assistencialista, privada i apolítica de les problemàtiques globals de l’explotació i la inferiorització de les persones en funció de la seva condició social, del gènere, del lloc en què van néixer, del paper que ocupen en aquesta esfera no gens ultraterrenal anomenada geopolítica internacional. I ho dic commogut per la solidaritat internacionalista i de classe que tanta gent humil està mostrant arreu d’Europa amb els miserables del món, de Nigèria a l’Afganistan, arribats a Alemanya.

(Aspirants a) refugiats. Engabiats, a Hongria.

Gala Pin i Amadeu Recasens són els responsables polítics denviar els UPA contra els manters, no pas contra els propietaris de les botigues del passeig de Gràcia en què les treballadores i treballadors cobren 5 € l’hora –no hi tenen potestat jurídica, és clar–. Llavors, on rau la nova política? En Recasens responia al Garganté la setmana passada que els manters no podrien vendre “enlloc”. “I de què menjaran?”, li preguntà el Josep sense obtenir-ne resposta. Carn de canó no dóna vots. Vergonya profunda mode alcaldessa Colau. En Jesús Rodríguez, periodista antiautoritari i gens sospitós de no mantenir confiança en Bcn en Comú, redactà la crònica de les persecucions a La Directa.

El proppassat dissabte (5-IX-2015) al migdia la gent de Tras la Manta, l’Espai de l’Immigrant (maleïda paraula) i la llibreria Veus amb Veu organitzaren un acte de suport a aquests treballadors clandestins afrocatalans objecte de prejudici, estigmatització, marginació, discriminació i segregació espacial per part del govern municipal de Barcelona. Fou a la cruïlla dels carrers Picalquers i Roig del Raval, i BTV en féu aquesta narració.

Vaig ser-hi amb altres militants de la CUP, en aquest cas la María José Lecha i el mateix Josep, que fan de regidors i tenen la virtut de ser, amb la Maria Rovira, allà on hi ha gent lluitant. Aquests són els companys i companyes que tenim: planten cara. No hi havia ni un sol dirigent ni càrrec públic de Bcn en Comú, car deu resultar molt més acollidor anar a fer mítings a les festes majors, dins o fora de períodes electorals. Recullo els testimonis que vaig transcriure de dos manters a l’acte del dissabte, sense afegir-hi res. Això és el que hi ha:

Pappé (porta sis anys vivint a Barcelona):Som treballadors. No tenim papers. Sortim de casa, comprem, ho venem i tornem a casa. Com ens provoca la policia? Saben que no tenim papers. N’hi ha que fa quatre i cinc anys que ens coneixen. Ens demanen els papers per provocar-nos. No hi ha màfies en els top manta. La gent va a Badalona, compra allà a l’engròs i torna a Barcelona per vendre-ho. Hi ha molts problemes amb les persecucions dels policies. Demanem una mica de tolerància, trobar una feina. Hi ha policies que són bons, els grocs [banda superior de l’uniforme dels agents], però n’hi ha molt més de dolents [en referència als vestits com els UPA], que t’insulten i et peguen.


Khadim:La venda ambulant és un dret d’un col·lectiu. El que fem no és cap problema. Tenim famílies i els hem d’ajudar, hem de lluitar perquè no passin gana [en referència a l’enviament de diners als familiars que romanen a l’Àfrica]. No volem robar, volem diners nets. No hi ha traficants, ho comprem tot a Badalona. Laltre dia matura la policia a plaça Catalunya i em demanen papers, els responc que no en tinc i em peguen. Això no és normal. No matem ningú, no robem. Això em dol. Jo no els vaig parlar malament. Per què em van pegar? Els jutges sempre sentencien en contra nostra. Això no és normal.

Acte de suport als manters al carrer dels Picalquers (dissabte, 5-IX-2015).

A propòsit d’això, senyores i senyors regidors de Bcn en Comú i ICV-EUiA: una persona no pot obtenir permís de treball ni tampoc accedir a l’habitatge si té antecedents. I haver estat incriminat com a venedor ambulant il·legal et condueix al registre de les persones amb antecedents policíacs. Tot plegat, com recordava fa uns dies en Garganté a twitter, porta aquestes persones a un indret anomenat CIE (Centre dInternament dEstrangers). A quina integració apel·leu, Gala Pin? Que en Raimundo Viejo –un farsant enrotllat ben arrapat al poder que s’autoqualifica cínicament de materialista– calli forma part del guió de la normalitat postmoderna (uauh, futuro diputado en Madrid!), però la Gala, que ve de la lluita veïnal de la Barceloneta... Sap greu, sí, molt. Els mandarins de Bcn en Comú estan repetint la mateixa catàstrofe del PSUC a lAjuntament des del 1979, tot calcat, i encara n'hi ha que no volen pas adonar-se'n. Per un grapat de regidors...

Després de llegir el que els manters Pappé i Khadim van expressar abans d’ahir no crec que valgui la pena afegir-hi res. S’expliquen explícitament per si mateixos. El mateix dissabte 5 de setembre al matí no quedaven manters al metro de Pl. Catalunya... a l’exterior, però, dones romaneses demanaven almoina i els turistes continuaven pixant-se sobre els nostres nassos, com una massa consumista idíl·lica disposada a satisfer les fantasies comercials dels uns. Coses dels desplaçaments globals sota el capitalisme.

Mentre no es resolguin les causes i les conseqüències dels processos socials que s’encarnen en aquest afer, mentre no s’articulin les mesures necessàries per possibilitar una integració laboral digna dels manters, proposo que es concentrin tots al passeig de Gràcia, davant de les grans botigues globals, i al passeig de la Bonanova. El senyor Recasens devia pensar a “desplaçar-los” –com digué literalment– als barris populars de sempre, com ara el Raval, en què s’acullen totes les entitats assistencials i la gent que en depèn, o bé exiliar-los a Ciutat Meridiana o a la quinta forca. Doncs vinga, que a la Bonanova la gent benestant grati generosament les seves butxaques una temporada a fi de fer un cop de mà als manters. I respecte a l’alcaldessa, que pari de fer paperets de tragèdia napolitana i que s’ocupi de reencaminar recursos per facilitar la vida digna de tota la classe treballadora barcelonesa, inclosos els companys manters africans.

Acte a la Rambla en solidaritat amb els manters,
lendemà diumenge (6-IX-2015).

Amb aquesta sèrie de tres textos d’opinió escrits al cap de setmana i avui dilluns molt apressadament he provat de relligar conflictes que d’alguna manera expliquen el nostre propi present. No m’emmirallo en coherències perfectes ni dogmes absoluts ni m’encego per pureses inexistents, sols em demano a mi mateix mantenir viva la capacitat crítica davant de determinades misèries del dia a dia, i dels enganys i les traïcions dels qui ens prometien nova política per acabar manllevant-nos la justícia social i la llibertat.

Un apunt final: Bcn en Comú mantingué a la campanya electoral que dissoldrien les unitats dels UPA. No ho han fet. Per contra, la Pin insisteix encara ara en la violència dels manters. Gala, aquí a dalt tens el testimoni dun barcelonès que denuncia una situació concreta: una agressió injustificada. Penses fer-hi res? No tamoïnis, responc jo: no mouràs ni un dit. [Repenjo aquesta entrada al cap de nou mesos i, en efecte, cap membre del govern municipal de BCN en Comú ha dut a terme cap acció arran de les denúncies públiques difoses respecte a agressions patides.]

Forts amb els febles, febles amb els forts. Nova política? Segona Transició. Tot era mentida, farsants.

***

(I) De manters i refugiats: colonialisme, explotació capitalista, espectacularització mediàtica i pornografia de les emocions (5-IX-2015)


• (II) De manters i refugiats: colonialisme, explotació capitalista, espectacularització mediàtica i pornografia de les emocions (6-IX-2015)